
No hay casi diferencia
entre el adentro y afuera:
sale
del soñar de su albedrío
a ese compás ensimismado
en su confianza.
Despierto yo,
desamparado yo,
aprendo a contemplarlo
y a rezarle.
Foto: Martín Chambi, Policía llevando a un niño de la oreja, 1924
Volverán los oscuros militares
de tu pueblo, las calles a pisar
y otra vez, con la mano en las itakas
jugando, matarán
Volverán los oscuros policías
tu ropa y tu mochila a requisar
y otra vez, con la coima en la mirada,
te habrán de demorar
Volverán, del odio, en tus oídos
palabras racionales a sonar:
tu corazón, trivial y anestesiado,
tal vez se dormirá
Pero elásticos, siempre inimputables,
y mintiendo en honor a la verdad,
prensa y medios, hablando en Maquiavelo,
te la van a contar
El señor Patricio y su mujer Catalina
piden mano dura
piden más seguridad
piden más policía en las calles
su deseo no se cumple:
son todos iguales
que se vayan todos
y es en ese momento
que
se corporiza en Nordelta:
El paraíso que usted soñaba
Unidades funcionales. Añosa arboleda.
Ambientes luminosos, en un entorno ideal.
Campo de golf. Fácil acceso.
Pasan los años:
un encadenado de aburrimiento
es cubierto por gruesa capa de odio
En el limbo del confort,
el canal de Crónica provee la necesaria compensación
de incestos, crímenes, mutilaciones,
hechos vandálicos, barrabravas,
violencia piquetera,
violencia indigenista,
violencia doméstica,
todo un combo sanguinario
de rencor, cuchilladas y balazos
que es imposible vivir
en la insoportable paz del barrio privado.
Y un buen día,
el mismo señor Patricio
llega a una especie de conclusión:
hay demasiada seguridad!
cómo puedo matarla sin hacer ruido?